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Las olas y el viento

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  Nunca había ido en Carnaval, menos en marzo. Ni en verano había pasado por tal ola de calor: una semana en los treinta largos. Ni había estado con tan poca gente. Para la playa, condiciones óptimas. Los lugareños dicen que mermaron los visitantes desde la segunda quincena de enero. Para la temporada, no tan bueno. Siempre escuché que el tercer mes del año era el mejor para visitar el pequeño pueblo entre el agua y las dunas. Siempre pensé que esto lo decían los que no podían ir, por diversas causas, en el primer mes del año. Lo cierto es que ahora lo afirmo. Nunca estuvo tan espectacular el agua. Ya no te corta la respiración al entrar. Además del mar acogedor, el Sol no te achicharra tanto, hay poca gente menuda en la playa, nadie que se queje por la pelota, nadie con parlantes. Lo que no para es el viento. Viento que viene del mar, desde el este. Éste es el único aspecto que marzo no mejora. Una tarde que esperábamos, apretujados bajo la sombrilla, a que bajara un poco el astro...

The Joker Express

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  Es domingo y ya la temperatura marca 20 grados. Mejor salir ahora. No son las ocho todavía. Me puse los cascos y empiezo mi caminata. Seguro será uno de los mejores días para los veraneantes. El cielo no tiene una gota de nubes y en las pocas cuadras, hasta la avenida Agraciada, ya sube un grado la temperatura. Entonces, en el medio del cruce, veo al muchacho. Su despojo  — solo llevaba unas bermudas y una media —  y su cabeza rapada me recuerdan al protagonista del Expreso de Medianoche . Sin embargo, su boca pintarrajeada de rouge,  me recuerda al Joker . Está notablemente trastornado. Me mira a los ojos, y yo, detrás de los lentes de sol, a él. Pero mi cabeza sigue orientada hacia el este, hacia la rambla en la bahía, que es mi circuito de los domingos. ¿ Es una mirada que pedía ayuda?  ¿ Es amenazante? Me decido por esto último y sigo mi camino. Ya algunos camiones salen a la ruta. Cada calle, que desemboca en la bahía, abre una brecha a una postal. De ent...

Chingunbel, caminata navideña

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Elegir Creer

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  H ace un tiempo que vengo observando  (escuchando, leyendo)   que la conjunción de del verbo  « elegir »  y el verbo  « creer »  aparece con mucha frecuencia. Es para mí inexplicable ese uso ya que en esencia representan dos acciones o actitudes de sentido opuesto.   No es la oposición de significados lo que me causa perplejidad, ya que este tipo de combinación es una figura literaria denominada oxímoron que crea un nuevo concepto que enriquece el lenguaje. Ejemplos de uso común serían  « calma tensa » ,  « elocuente silencio »  o, siendo algo cínico:  « feliz cumpleaños » . Lo que me parece inexplicable es que se utilice con una connotación positiva, cuando de esta mezcla solo puede salir algo nefasto. Me paso a explicar. Está en mi carácter creer en las personas. De esta característica intrínseca de mi personalidad muchos dirán que no es buena, que estoy expuesto a las puñaladas traperas o a los desencantos. Y es verda...

No hay tres sin cuatro

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  Las tres amigas argumentaban acerca de cuál era la menos loca de las cuatro. Andrea no participaba de la discusión ya que las había dejado en la puerta de Salidas del aeropuerto de San Pablo y había seguido de largo sin esperar el check-in de las viajeras.  Al fin y al cabo era la segunda vez que las llevaba. El vuelo original de retorno a Montevideo se había cancelado días antes debido a las cenizas de la erupción del volcán en Chile. Si bien se había alegrado con la postergación que les permitía unos días más de disfrute de sus amigas, repetir el traslado hasta el aeropuerto era algo penoso y ya se quería volver para su casa.  La actitud tan racional y lógica de la anfitriona había llevado a que la consideraran ganadora del ranking de no-locura. Pero luego se acordaron de su segundo casamiento y perdió el podio. Antes de Brasil Andrea y Alberto habían vivido en Nicaragua. Ambos divorciados habían decidido casarse en segundas nupcias. Arreglaron la fiesta de casamient...

La virgulilla

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– ¡Qué buena milanesa en dos panes me comí anoche! ¡Y era enorme! –exclamé al entrar en la cocina, al ver a Roberto desayunando solo un café con leche. Nosotros compartíamos un apartamento que nos prestaba la tía de Roberto, para que pudiéramos estudiar en Montevideo. Durante dos años fue así, hasta que un día ella me mandó a decir que tenía que buscar otro lugar, usando excusas amables pero falsas. Yo sabía la verdadera razón: un par de semanas antes, cuando vino a visitarnos de sorpresa, me demoré unos cinco minutos en abrirle la puerta, y luego le presenté a mi novia. – ¿Dónde? –preguntó Roberto, claramente más interesado en la cantidad que en la calidad. En esa época, nuestro escueto presupuesto nos llevaba a que así sean nuestras prioridades. Le conté y se empezó a reír. – ¡Bruto, no se dice así! –dijo con sorna. – ¿Y cómo se dice, si tiene una eñe? ¡El ignorante sos vos! –respondí, un poco indignado. Y así comenzó una discusión que, aunque aparentemente trivial, en ese momento se...

El barómetro

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  – ¿Papá, los padres saben más que los hijos? – Claro hijo. – ¿Papá, quién inventó el barómetro? – Torricelli. – Entonces, ¿por qué no lo inventó el padre de Torricelli? … – Lo inventó el padre de Torricelli.   o sino...  

Abusos Textuales

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  Extraído del Prólogo: En este libro, su primer trabajo, nos presentan una selección de sus cuentos más logrados. En muchos temas tienen miradas en común, en otros su visión se contrasta. Por momentos sus cuentos, reunidos aquí en secciones que nos dan pistas sobre los temas que tratan o los espacios que abordan, van por senderos que solo difieren en matices. En otros casos, el enfoque permite un amplio criterio de análisis, comprensión y crítica. Estimado lector, manéjese con cuidado, y no diga que no se lo advertí. El que avisa no traiciona. Puede decirse que entre ambos reúnen el trabajo de un buen boxeador, que con una mano tantea al contrincante y se prepara, y con la otra le da el  uppercut  definitivo que lleva al  knockout . Es que sus maneras de contar son bien diferentes. En uno de ellos se percibe una melancolía tanguera, rockera. La necesidad de plasmar una pintura social pincelada de emociones. Con una mirada entre tierna y nostálgica, tanto para los he...

No voy a llorar

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  Esta semana de la Cerveza la podría recordar por varias cosas: por el recital de Nicki Nicole en el Anfiteatro del Rio Uruguay ante 22 mil personas, de las cuales 21 mil eran niñas chilladoras; por las temperaturas nada otoñales; por el short de baño que le pedí prestado a mi padre con bolsillos tan escuetos; por habérseme caído el celular en la caminata rumbo al río y por notar la pérdida al llegar a dónde debería estar la playa, desaparecida bajo la inundación; por recordar que hacía muchísimo que no hacía un respaldo; por toda la información que perdí...  Pero yo creo que la voy a recordar por un corto pasaje del relato de La Vuelta Ciclista mientras intentaba que la radio me dijera por dónde venía la avanzada para ir a recibirla a su llegada a Paysandú: "y vemos a un grupo de competidores que se intenta escapar, son..." y allí nombró a cuatro ciclistas y del último agregó un comentario "que viene haciendo sus necesidades".  ¡Como no me iba a llamar la atención...

Atún con pan

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  Mis últimas vacaciones fueron de las que más disfruté. Todo gracias al reguetón. Descubrí que la mejor hora para ir a la playa es bien temprano. Cuando casi no hay nadie. El sol no te achicharra por lo que no es imperioso cargar la sombrilla. Me puedo sentar tranquilo a leer la novela que elegí para la ocasión. Si quisiera darme un baño ni me tengo que preocupar por dejar las cosas al descuido mientras disfruto del chapuzón.  El Sol que empieza a picar es la señal de la retirada. Coincide con la llegada de los primeros parlantes bluetooth y el ritmo monótono del género puertorriqueño. Los primeros días lo pasé en una sola puteada: los rayos del astro rey lo puedo mitigar con la sombrilla y con filtro solar;  puedo poner el celular y un billete en una funda impermeable para darme un baño de mar;  no puedo apagar los parlantes que pululan.  ¿Apagar? Tal vez se pueda hacer algo de similar efecto, pensé. Desvarié imaginando un artilugio capaz de crear una barrera ...