Humo blanco
Me había subido al avión en New York. Iba con mi compadre a promocionar nuestra última película en Europa. Ya sabes, tengo que ir en primera, sino todos tienen que ver conmigo y se hace insoportable el trato con todo el pasaje. Y no es que me pueda poner unos lentes de sol y una gorra de beisbol para pasar desapercibido. Con mi estatura y con mi físico, todos me reconocen. En ocasiones es penoso ser famoso. Llegó temprano la hora de la cena y aquello era un banquete. Los actores llevamos en el inconsciente los tiempos donde no teníamos nada asegurado, y comí como si no pudiera pagarme una cena en un tres estrellas Michelin al llegar. También tomé vino, pedí descorchar un burdeos del siglo pasado. Me di la biaba. La aeromoza atendía con gran simpatía, así que cuando ofreció un armagnac fue imposible de rechazar. Me invadió el antojo; sabes que soy un gran aficionado a los puros, pero, dado los cuidados que tengo que tener con mi cuerpo, solo los consumo en ocasiones es...