Vuelo Nocturno
Me levanté del escritorio con una punzada en el estómago. Era hambre. Me había entregado por horas a la historia de una canción. El dúo había estado trabajando en cada detalle. Habían probado con distintos músicos de sesión para cada solo, para cada instrumento. En ciertos grooves , ningún humano podía percutir el ritmo que se le demandaba; entonces junto con Roger – el ingeniero de sonido –, Walter y Donald inventaron una máquina para lograrlo: un baterista sintético llamado Wendel. Y esta era la última canción. Se había pulido hasta lograr la cinta maestra esa tardecita. Entonces todos se retiraron del estudio y solo quedó un ingeniero bisoño para la última y sencilla tarea: la copia de respaldo. El novato se había quedado esperando su turno durante toda la jornada, aún sin saber si requeriría su trabajo: poner el original en un reproductor, poner una cinta virgen en otro cabezal, apretar el botón copiar. De alguna manera le pondría el broche de oro al disco q...