Grisoso
Me despierto. Es mi tercer primavera en el bosque. Antes de la larga siesta me había atiborrado. Ya estoy pronto para otra comilona, aunque siento en mi vientre un hambre nuevo. Me dispongo a dar una recorrida. Descubro el motivo de mi ansiedad, sin embargo no me puedo servir. No tengo una palabra para explicar lo que siento. Transcurren algunos días y sigo con mi búsqueda. Sin suerte. Hasta que encuentro a ese grupo tan raro. Me miran con cara de asombro, llaman mi atención esas hojas de arce rojas y me acerco. Siento un pinchazo en el hombro. Me despierto. El bosque desapareció y esta muy frío. El sol está en el horizonte y no se mueve. Pasan varios días y el sol sigue quieto. Todo es gris. Nunca es de noche ni de día. Estoy confundido, no sé si me siento así por el sueño, el frío o porque todos me gruñen. Quiero volver al bosque, me pongo en marcha. Transcurren varios días. De repente el paisaje empieza a cambiar: aparecen árboles, ríos y ¡se esconde el sol! Otra vez duermo a ...