Viajar sin moverse
Hace 29 años crucé el Río de la Plata con mi novia. Fuimos a la cancha de Ferro a ver a Jamiroquai. Era la presentación de Travelling Without Moving . Creo que ni nos dábamos cuenta de lo jóvenes que aún éramos y Virtual Insanity no era un hit : era un himno. Para cuando la banda se quedó de boca abierta viendo a los porteños corear Alright al unísono, mi novia ya se había subido a mis hombros. Y, aun así, yo podía seguir bailando. El jueves 17 de septiembre volví a ver a Jamiroquai. El predio del Hipódromo de San Isidro representaba varios Ferros. Esta vez fui con dos hombres. Dos tipos que no existían en 1997: nuestros hijos de veinte y pico. Había decenas de miles de personas. Muchísima gente joven. Por momentos, mientras esperaba que empezara el show, tuve un temor muy concreto: me imaginé muchas novias encaramadas en hombros en los cien metros que nos separaban del escenario. Miré hacia atrás: dos o tres cuadras de gente apiñada. Me resigné a escuchar y a ver los holograma...